El coleccionista de abrazos solares
H abía una vez, un pequeño niño de mirada perdida, y que con brillantes ojos, por toda la casa exploraba. Sus padres lo amaban mucho, y por ese gran amor, querían darle todo lo mejor, y apostando por su trabajo, mucho tiempo solo lo dejaron. El niño creció con esbozos de cariño, ninguna culpa de los padres y la firme decisión de hacer de él un hombre de bien. Así, el niño conoció de soledad, atemorizado del mundo, sin saber qué había al cruzar la puerta, sintiéndose diferente por las miradas de los niños del colegio, sin entender por qué se sentía así de sólo. Culpable de todo. Merecedor de nada. Apagando sus sueños. Se pasaba horas mirando al vacío de su habitación, contemplando la nada, escuchando el silencio, sintiendo el frío del piso sobre el cual su cuerpo desnudo desmenuzaba los misterios del universo que le tocó vivir, entre sombras, con frío. Los ...