La noche y él
Eran las 10 p.m. cuando volví a pasar por un lugar y un rostro se asomó a mis recuerdos como girando a verme con una sutil sonrisa. Era él, un ángel de amor que como un fugitivo me llevaba a un lugar desconocido mientras yo sentía un sabor agridulce en mis labios. Era yo sintiendo que lo amaba, y era yo otra vez sintiendo que él no a mi.
Era ese lugar cálido pero oscuro, un recuerdo de una promesa incumplida. Era él aquel que vino a mi con esos labios rosa y mirada dulce, pero con un inocente y letal miedo. Era yo, flotando de amor pero con miedo también a caer y despertar.
Era ese lugar un hotel, donde fue la última vez donde nos pertenecimos sin pertenecernos. Era él, para mí el hombre anhelado y perfecto, la promesa. Era yo, sólo un chico con un gran corazón en la mano dispuesto a entregarlo y quedarme sin él.
Pero más importante, soy yo, hoy, un hombre, con permiso de recordar, sentir, volver a habitar ese momento y no quedarme a vivir en él.
Gracias.