Hasta luego...
He decidido no ir a la sepultura de Miguel porque no soportaría ver tantas lagrimas en un día, ya bastantes penas tengo para sustraer las de los demás.
Cuando me levanté, mi abue, mi primita y mi tía estaban tomando desayuno en la mesa y mi mamá estaba atendiéndolas mientras mi hermana estaba encerrada en el baño (para variar de todas las mañanas). Miré el brillo solar por la ventana y sabía que sería un día igual que los 3 últimos.
Salió mi hermana, entré al baño al ver que nadie apresurado por la hora expresaba sus ganas de entrar a él. Al salir después de un muy relajante aseo, me topé con mi abue, la saludé con un buenos días, un abrazo y fui a la mesa. Saludé a todos y comenzamos a hablar un poquito, lo que la hora nos permitiera, mi abue se acercó y de día con esa luz solar invadiendo mi tragaluz le vi la cara y los ojos con mas atención, en ese momento todo el sufrimiento de ambos fue como compartido, ella vio mi interno dolor y yo el suyo, los 2 tuvimos ganas de llorar mientras hablábamos sobre mis estudios y la perseverancia, y como no quiero verla sufrir lo único que dije fue: "ya mamá no llores que estos días estoy un poco susceptible y si te pones a llorar yo también lo haré" soltando unas carcajadas perdidas en el abismo del dolor
y mientras veía a mi tía con los ojos a punto de llorar. Me sentí como si cada vez que mamá y yo cruzáramos miradas nos pondríamos a llorar, sé que soy capaz de alegrar su existencia pero es que en estos momentos no me nace o no siento poder hacerlo.
Así, con esa melancolía por los últimos sucesos comencé a comer sin mucho gusto aunque el desayuno hubiera sido bien recibido en otras ocasiones. terminando de comer mis visitantes se despedieron.
Con un abrazo y un beso se despidió mi hermana que se iba al cole, de ahí fue mi turno, un fuerte y consolador abrazo para todos, pero cuando me despedí de mi abue traté de sonar lo menos triste y más normal posible, para que no se vaya llorando ni yo me pusiera a llorar.
De mi casa ellas se iban a la casa de mi tía Rosa para ir en caravanas al cementerio y darle el último adiós a Miguelito. Después de la despedida, ellas se iban a Huaral, donde viven y estarán esperándome siempre para tomarnos un vinito como solemos hacer.
No puedo evitar decir que mientras escribía las 2 últimas entradas, lágrimas salieron de mis aparentemente secos ojos.
Cuando me levanté, mi abue, mi primita y mi tía estaban tomando desayuno en la mesa y mi mamá estaba atendiéndolas mientras mi hermana estaba encerrada en el baño (para variar de todas las mañanas). Miré el brillo solar por la ventana y sabía que sería un día igual que los 3 últimos.
Salió mi hermana, entré al baño al ver que nadie apresurado por la hora expresaba sus ganas de entrar a él. Al salir después de un muy relajante aseo, me topé con mi abue, la saludé con un buenos días, un abrazo y fui a la mesa. Saludé a todos y comenzamos a hablar un poquito, lo que la hora nos permitiera, mi abue se acercó y de día con esa luz solar invadiendo mi tragaluz le vi la cara y los ojos con mas atención, en ese momento todo el sufrimiento de ambos fue como compartido, ella vio mi interno dolor y yo el suyo, los 2 tuvimos ganas de llorar mientras hablábamos sobre mis estudios y la perseverancia, y como no quiero verla sufrir lo único que dije fue: "ya mamá no llores que estos días estoy un poco susceptible y si te pones a llorar yo también lo haré" soltando unas carcajadas perdidas en el abismo del dolor
y mientras veía a mi tía con los ojos a punto de llorar. Me sentí como si cada vez que mamá y yo cruzáramos miradas nos pondríamos a llorar, sé que soy capaz de alegrar su existencia pero es que en estos momentos no me nace o no siento poder hacerlo.
Así, con esa melancolía por los últimos sucesos comencé a comer sin mucho gusto aunque el desayuno hubiera sido bien recibido en otras ocasiones. terminando de comer mis visitantes se despedieron.
Con un abrazo y un beso se despidió mi hermana que se iba al cole, de ahí fue mi turno, un fuerte y consolador abrazo para todos, pero cuando me despedí de mi abue traté de sonar lo menos triste y más normal posible, para que no se vaya llorando ni yo me pusiera a llorar.
De mi casa ellas se iban a la casa de mi tía Rosa para ir en caravanas al cementerio y darle el último adiós a Miguelito. Después de la despedida, ellas se iban a Huaral, donde viven y estarán esperándome siempre para tomarnos un vinito como solemos hacer.
No puedo evitar decir que mientras escribía las 2 últimas entradas, lágrimas salieron de mis aparentemente secos ojos.
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Gracias por leer :D